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Lola
Hoffman:
Lola tenía su particular forma de enfrentar el tema de la sexualidad, puntos de vista que no pocas veces le valieron el rechazo de sectores tradicionalistas. Otros interpretaron mal sus teorías, lanzándose por caminos diferentes a los que ella creía como sanos para el ser humano. No tenía prejuicios ante las opciones personales del ser humano. Tuvo amigos y amigas homosexuales, heterosexuales, católicos, religiosos (curas y monjas), artistas, militantes políticos de toda índole, gente de la más variada condición.El amor que tenía a su trabajo lo expresaba con gran convicción: "Yo soy nacida para curar, desde niña quise siempre estudiar medicina, no se me ocurría otra cosa. Para curar necesito gente; si no, sería veterinario. Me gusta ayudar, identificarme con la persona y dar de mi experiencia. Este es mi destino. Si yo me retiro al desierto, quizás pase unos días macanudos, pero volveré a mi vocación. Estoy muy agradecida al Plan Providencial, de que coincida mi profesión con mi vocación."No creo en la política, más bien creo en la evolución del individuo, sólo en eso. Mientras más individuos evolucionen, tanta más paz habrá en el mundo.
"En general, estoy en contra de las leyes del matrimonio. Creo
que hay que enseñarle a la gente a vivir decentemente, en forma
ética, y tenerse respeto, eso es todo. "Creo
que la sexualidad es la base del amor y de todo lo que lleva al ser
humano a hacer algo positivo, algo bueno. La especie humana es la única,
dentro de los animales de sangre caliente, que tiene esta particularidad.
La sexualidad es la base del Eros, y Eros es, una tendencia 'a'. Hay
Eros del estudio, de la adquisición de conocimientos; Eros de
la lejanía. Hay personas que viajan porque quieren conocer el
mundo y es tan fuerte este impulso, que lo hacen. Hay Eros de ayudar
al prójimo, así hay personas que consagran su vida a los
demás. Todas estas tendencias positivas y que contribuyen a enriquecer
el Yo, son Eros. No todo es sexual, pero Eros nace de la sexualidad;
sin sexualidad no hay Eros. "La
sexualidad, cuando ya se han tenido hijos y ha cumplido su rol biológico,
sigue como símbolo de algo delicioso, porque lo que es delicia
se aprende en el orgasmo. No hay animales que tengan talento para escribir
poesías, pero el poeta experimenta una delicia en la creación,
al admirar algo hermoso, con cierto aroma... cualquier satisfacción
de los órganos de los sentidos es un placer. La divinidad es
algo así como el 'summum' de una delicia de felicidad, un estado
de conciencia superior. Cuando se alcanza, se siente algo maravilloso.
El cambio interior que produce el amor, cuando el ser humano madura,
se experimenta como amor a Dios. "En
caso de que el coito, el acto sexual como tal, se produzca con menos
frecuencia después de los 50 años, no significa que el
instinto desaparezca. En gran parte se transforma en otra cosa, en una
actividad satisfactoria, una tendencia que uno sabe que debe cumplir
y entrar en ella. "Hay sistemas místicos de acercamiento a lo divino a través del acto sexual, como el Tantra Yoga y el Yoga Taoísta. Cultivan innumerables posiciones sexuales y relaciones de larga duración, hasta el agotamiento. En el yoga taoísta, el varón se siente identificado con yang y la mujer con yin y esta unión de yin y yang son las bodas sagradas.
"Yo creo que cierta libertad en lo sexual en la pareja es muy ¡mportante,
siempre que se trate de personas conscientes, que lo hagan de forma
responsable, sin tragedia, sin ofender, sin producir mucho dolor.
Una buena relación erótica en individuos adultos es, sobre
todo, una relación espiritual. Es muy importante como aporte
al Yo. El Yo crece a base de encuentros, con hombres, con mujeres, con
situaciones, con países, con algo nuevo, pero, en el fondo, todo
va en dirección a desarrollar una conciencia más alta,
en la cual Eros juega un papel muy enriquecedor. "Con el antiguo paradigma patriarcal de nuestra sociedad: 'Si yo amo a un hombre, tengo que vivir con él, y tenemos que vivir uno encima del otro...' se mete a Eros en la cotidianeidad, destruyendo la magia. Si uno establece una relación plena, libre, aunque el otro esté lejos, y se atreve a amarlo, y estar seguro de ser amado; aunque el otro tenga otros encuentros -ojalá porque es lo que aporta riqueza a la vida. Pero, como estamos, educados para ser posesivos, celosos, todo se destruye. ¡¿Cómo un hombre o una mujer no se va a encontrar con gente interesante, atrayente.?! "El
gran error es la confusión entre Eros y sexualidad. "La
mujer desarrolla dos grandes vacíos: el vacío sexual y
el vacío espiritual, razón por la cual se instala enérgicamente
en la vida del hombre tratando de dominarlo y de explotarlo con el fin
de llenar su propia frustración. Este yo lo llamo 'el mito de
la sirena' o de la 'femineidad', que provoca tanto sufrimiento. La sirena,
cuyo norte es atraer al hombre, desde el ombligo para abajo es un pez:
completamente fría. Femenina y frígida. Atrae al hombre,
pero no lo puede satisfacer. En cambio, esta cola de pez hace que ella
tenga que vengarse, hundiendo al hombre. Destruyéndolo. Sometiéndolo
a su voluntad. "El patriarcado no es una 'culpa' de los hombres solamente, sino un fenómeno de vida que involucra a toda la humanidad. Así, la mujer trabaja en contra de sí misma y a favor del patriarcado. Ella es el sostén máximo del sistema. Se la ha educado para desear sólo la familia, preocuparse sólo de sus hijos y crearle cierto confort a su hombre. Y nada más. Para que sea individualista, egoísta, encerrada en sí misma". A pesar de esta visión negativa, para Lola las cosas estaban cambiando. Después de seis o siete mil años de dominación patriarcal, advertía signos concretos de cambio: Conozco
gran cantidad de mujeres buscadoras, mujeres que tienen la necesidad
de cambiar de pensamiento. Me parece que ya las mujeres están
movilizadas, a diferencia de cuando yo era joven, cuando se enseñaba
que el summum de la felicidad era casarse, tener hijos y ojalá
morir casada, para no sufrir la viudez. En el curso de estos años
esto ha cambiado, hay una real integración de la mujer a la sociedad
en los procesos creativos. "La
base del patriarcado es el egoísmo, es lo que caracteriza a la
familia nuclear, tener cosas sólo para la familia, la falta de
altruismo para con los demás. "Al
parecer hay una tendencia a una futura sociedad multi-individual, para
que la sociedad sea un conjunto de individuos responsables; es la única
forma de que exista el crecimiento. "Ya
hace más de un siglo que la mujer comenzó a protestar.
Primero fue en una forma algo ridícula, pero ya la primera sufragista
tenía un concepto muy razonable y muy profundo de lo que es el
ser humano. La mujer podía hacer perfectamente bien trabajos
llamados masculinos, podía pensar y estudiar en la universidad,
vivir como mujer soltera y conquistar un cierto status, lo que antes
era imposible. Y, al mismo tiempo que algunas mujeres protestaban, otras
empezaban a cultivarse: a pensar, a filosofar, a escribir, a trabajar. "Es
la mujer la que se rebeló primero contra un estado de cosas y
un sistema de vida que le acarrea sufrimientos. El hombre tampoco lo
pasa bien. Esto, de que la mujer llene su vida chantajeándolo,
es una enorme carga para él también. Y para los hijos,
en cuyas vidas generalmente la mujer también se entromete negativamente.
Todo esto ha llevado al matrimonio patriarcal a la tremenda crisis que
estamos viendo a nuestro alrededor. La pareja convencional ya no resiste
la dominación mutua. "Aunque
la mayoría está lejos de poder construir una sociedad
basada en la equivalencia sexual, hay algunos adelantados que ya comprendieron
el problema y que están intentando nuevas normas de convivencia.
Todavía no veo solución al problema de la pareja. Pero
la capacidad del ser humano de vivir solo, ha aumentado. Lo que es muy
importante, porque esa soledad prepara para una futura vida en pareja.
La pareja sólo es posible de soledad a soledad, de integridad
a integridad. No de necesitar apasionadamente al otro... y explotarlo. "El
sufrimiento de hoy es ese concepto de propiedad. 'mi' marido, 'mi' mujer.
Esa palabra 'mi' es el sufrimiento. El ser humano no puede ser propiedad
de otro ser humano. Puede ser tremendamente generoso, tremendamente
amoroso, pero no puede ser propiedad de otro ser y sentirse como tal. "En
mi larga vida, yo he visto que una proximidad exagerada en espacio destruye
el 'eros'. Hay una sumación de pequeñas irritaciones,
sobre todo de noche, al dormir en la misma cama. Por ejemplo, uno enciende
la luz porque quiere leer y el otro quiere dormir. Esas pequeñas
e inocentes irritaciones se suman, produciendo al día siguiente
una terrible molestia. Hay que tener mucho cuidado con una proximidad
exagerada. Cuando yo le he propuesto a una pareja que casi se saca los
ojos mutuamente, que separen dormitorios, de inmediato esgrimen que
no hay más piezas en la casa y, sobre todo, están acostumbrados
y que no pueden dormir sin el otro. Yo llamo este fenómeno 'adicción
a la cama'. Como al alcohol o la morfina. Una tremenda esclavitud. Por
paradójico que parezca, mientras más separación
haya en el espacio, tanto más cercanía espiritual"
En una sociedad donde muchas mujeres son creativas, estudian, trabajan
e incluso ocupan cargos importantes, podría decirse que su visión
no corresponde a la realidad. '¡Claro
que corresponde! Estamos hablando del trágico hecho de que la
mitad de la humanidad no participa en el proceso creador. Con excepción
de algunos millones. Pero, ¡qué son dos o tres millones
de mujeres creadoras! Y ni siquiera creo que haya tantas. En política,
por ejemplo, nunca ha habido en los más altos cargos una mujer
que haya defendido el derecho de la mujer. Son hombres, casualmente
nacidos mujeres, defensores del patriarcado y de todos sus errores.
"Muchas veces la mujer no tiene conciencia de su infelicidad. No
entiende qué le pasa, pero el hecho es que siempre está
muy cansada, aburrida, histérica, nerviosa. Y el drama se desencadena
cuando los hijos crecen y se van de la casa. Entonces siente que no
es útil para nadie y que no tiene nada que hacer. Otro hito es
cuando termina el período de ser objeto sexual para el hombre.
De repente descubre que no es nada, que no es un 'yo' aceptable para
sí misma. Nuestra época pone un énfasis enorme
en la juventud y no tenerla es una crisis feroz.
"El noventa por ciento de las mujeres que llegan a mi consulta
sufren depresión y angustia, consecuencia de una vida frustrada,
lo que les produce una tremenda agresividad. Como es imposible dirigir
esta agresividad contra la familia, que uno tiene que amar, la dirigen
contra sí mismas. Y una persona triste, sin impulso, sin vida,
no puede agredir. Se asegura de no poder agredir y no tener así
una culpa adicional, y entonces se agrede a sí misma y se muere
en vida. Pierde el interés por todo, se dedica a jugar a las
cartas y otras actividades sin sentido. Yo he conocido algunas que se
metieron a la cama y no salieron más. "Para
romper con esta vida mediocre, las mujeres tienen que dedicarse a trabajar,
introduciéndose en el mecanismo de la cultura. Y esto no es un
tema de feministas sino que está en la naturaleza humana: participar
en la creación. "La
creación de tener hijos no basta. Yo amo profundamente a mis
hijos; sufriría tremendamente si les pasara algo, pero no son
el centro de mi interés y, sobre todo, ellos no desean serlo.
No me meto en la vida de ellos. Ellos viven su vida y yo, por supuesto,
gozo con todo lo que hacen, pero me niego a tomar como centro de mí
vida el rol de la abuelita feliz. "Estoy
segura, que las mujeres dan demasiados cuidados; demasiada protección
a sus niños. Se ha demostrado, hoy en día, que la dedicación
exclusiva de la madre al niño en su primera infancia no redunda
en provecho para su desarrollo. Al contrario. Mientras con más
personas se relacione el niño, tanto más normal y sin
mayores conflictos resultará su vida. Decididamente son los padres,
en la mayoría de los casos, los focos de las enfermedades psíquicas
más graves.
"Al principio femenino pertenece, antes que todo, el alimentar
física y espiritualmente. Pero hay otro elemento que, hasta ahora,
la mujer no ha asumido y hecho suyo, que es dar libertad. Soltar. Hay
que tener el valor de exponer al niño a tareas más o menos
difíciles y no sobreprotegerlo por egoísmo, por evitar
el sentido de culpa, si algo le sucede. "El
espíritu del movimiento feminista ha cambiado mucho. Ya no se
trata de la lucha contra el hombre; por el contrario, la mujer le ofrece
compañerismo y amistad. Y eso es lo más grande que se
le puede, ofrecer. La mujer que ha entendido su rol, propone formar
una pareja en la cual ambos tengan oportunidad de desarrollarse. Y ayudarse
mutuamente en este desarrollo" Durante toda su vida profesional, en el curso de más de cuarenta años, Lola formó un nuevo pensamiento en Chile, enseñó a gran cantidad de personas a mirar sus sueños, a creer en sí mismas, a liberarse de las ataduras del patriarcado. Para muchos de sus pacientes y amigos, el contacto con esta gran mujer fue decisivo en sus vidas. Lola insistía en que el proceso de crecimiento interno no se detenía jamás. Cada nuevo día es posible aprender algo que aporte a la propia evolución. Atendió en su consulta a gente importante y a gente sencilla, a todos los escuchó por igual, enseñándoles a conectarse con los mensajes del inconsciente.
Preferentemente, atendió a mujeres en la segunda mitad de la
vida, etapa, según decía, en la cual suceden las cosas
realmente importantes para la humanidad.
Para ella, su tarea consistía en cooperar con la crisis mundial,
que no sentía como espantosa, pero necesaria. Una crisis que
marca el final de una época, que conlleva todas las dificultades
de un final. Se dio cuenta de que su tarea era fomentar un nuevo paradigma,
no el patriarcal. Sus conceptos acerca de la familia, de la sexualidad,
del amor, de la paz, de la ecología, fueron acogidos por muchos
y detestados también por otros, Mantuvo especiales relaciones
de amistad y amor con mucha gente que la recordará con especial
cariño como una gran mujer que impactó en sus vidas. Lola, además de continuar con el deseo vivo de aprender cada día, también se preocupaba con esmero de su presencia. En su estilo clásico combinado a veces con zapatillas deportivas y calcetines de lana cruda. Usaba su cabello recogido bajo una fina malla. Le gustaba que la peinara un joven peluquero, que tenía su pequeño negocio cerca de su casa, en Peñalolén. Y su infaltable flor de lis. Nunca dejó de leer, de aprender cada día, de estar al tanto de lo que pasaba en el mundo: nunca se cerró ante nuevas proposiciones. Era su modo de mantener vivo el cerebro.Le daba fastidio ver como las personas, al llegar a la vejez, se olvidaban de sí mismas y se echaban a morir, culpables del hecho de no ser jóvenes. Así
hablaba de los ancianos: "En
este tiempo de cultivo de la juventud, todo el mundo quiere ser joven.
Creo que es un error. Mi experiencia me lleva a decir que es maravilloso
madurar. Hay que ponerle fuerza y energía para no caer en el
pensamiento colectivo que lleva a los ancianos a saltar al campo enemigo
y mirarse desde allí, criticarse y sentirse culpables de ser
viejos.
"Los viejos tienen conciencia del deterioro: decaen las células,
la corteza cerebral degenera y se vuelven cada vez más tontos
e impotentes. Los viejos no hacen ejercicio, no se mueven, están
como eliminados de la sociedad. En tiempos pasados, el anc¡ano
era un valor en la sociedad. Una vida larga es una existencia vivida
con muchas experiencias. Pero, actualmente, la no aceptación
de la vejez hace que la gente degenere. Es una toma de conciencia que
tiene que ser asumida por todas las personas que, al llegar a la madurez,
hay que continuar desarrollándose, y la mejor forma de hacerlo
es el estudio. "Una persona que no toma conciencia de sus deficiencias y no las corrige, 'se va al tarro de la basura' ".
* Textos estraidos del libro "Mi abuela Lola Hoffman", de Leonora Calderón y publicado por Editorial Cuatro Vientos. |
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